El 2 de junio del año 2002 debutó en la televisión norteamericana una serie que cambiaría la forma de hacer televisión. A palabras de su creador, David Simon, The Wire se olvida del espectador promedio: acá no hay concesiones, estereotipos, clichés, finales rosas, lugares comunes, etc.
La trama ronda las esquinas de los traficantes de drogas: violencia física y verbal. Sin embargo, los diálogos están escritos con la mayor delicadeza. La reflexión potencial está implicita en cada escena.
Los personajes son el todo. Después de haber visto esas 5 temporadas, creo verlos en las calles de mi ciudad, en los vagabundos de mi barrio, en los polícias de la zona, en los profesores de la escuela, en los alumnos.
Por eso digo que Baltimore, la ciudad en donde se desarrolla la historia, somos todos: Esas historias, esas vidas narradas pueden estar en cualquier parte. The Wire se parece tanto a la realidad.
De inicio lento y meditabundo, como alguien que recien despierta y se va incorporando, la historia te va involucrando con los personajes, que ya después no dejarás de mirar. No exagero: aquí aprendes más de política y filosofía que en muchos cursos escolares y en los largos manuales académicos.
The Wire es como Los Hermanos Karamazov: larga, lenta, hermosa y ruin. Bubbles, McNulty, Omar, Rawls, Freemon, Prop Joe, Stringer...
Mírenla, y cuando la terminen, vendrán solitos a agradecerme la recomendación....shieeeet

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